Y hace que nos confundamos.
La puta luna, tú y yo.
Dime, ¿hay algún culpable?
Dime, ¿y si no vuelve a salir la luna?
Dime, ¿ estarás ahí para que no me pierda en la oscuridad?
Dime, ¿dónde están las luces de neón?
Nos aferramos con uñas y dientes a esas ganas que tenemos (siempre ocultas) y está llegando la noche y nos da miedo y más miedo nos da si no hay estrellas.
[No sé por qué mierda utilizo el plural si sólo hablo de mi aquí, pero es algo que he hecho desde aquellos comentarios de texto en el instituto hasta hoy en día, pluralizando.Y siempre he pensado en cómo lo harían los demás. Pensándolo un poco creo que lo hago para quitarle hierro al asunto, para no sentir esa soledad que encierran las palabras en si, como si alguien más las apoyara y así las revistiera de veracidad y lógica. Simple. Real.]
Y de tanto aferrarme me he destrozado las palmas de las manos. La fuerza que en aquellos días parecía inagotable poco a poco se esfuma de mis poros y me duelen todos los músculos, flaqueo. Yo sola no puedo con todo esto porque no se trata de eso, las cosas no funcionan así y lo sé, por mucho que me joda. Existen principios inquebrantables en mi vida y mi yo racional ve de una forma cada vez más clara la inminente caída del efímero reino. Te estas cayendo del trono y yo, mientras tanto, me tatúo que no haré nada más por evitarlo.
Me tumbé en el suelo
sólo para oír crecer la hierba,
y hacia mí vinieron
todos los sonidos de la tierra
(Lapido).
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