martes, 28 de agosto de 2012

Recorríamos, sin movernos, el universo

Y en un indeterminado momento todo cambió, otra vez, la vigésimo cuarta, por lo menos.
No sé cuando se fueron las luciérnagas, pero desde que no 
te-me-nos  rodean nada es lo mismo.
Ya no están sus luces, mi vista se cansa, llega la indiferencia.

Inerte ante tus movimientos. 
Fluidos.
A tu lado, abandono mi cuerpo, no hay nada aparte del placer corporal y sensorial en sí mismo. 
Pasiva ante tus caricias. 
Más fluidos. 

¿Desde cuándo es así? 
No quiero esos juegos contigo.
No quiero cambios de roles.
No quiero nada. [ Me duele pensar(lo) y que sea mentira]

Creo que aún mantengo 
un sentimiento dentro que pudo ser el del comienzo 

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