Y en un indeterminado momento todo cambió, otra vez, la vigésimo cuarta, por lo menos.
No sé cuando se fueron las luciérnagas, pero desde que no
te-me-nos rodean nada es lo mismo.
Ya no están sus luces, mi vista se cansa, llega la indiferencia.
Inerte ante tus movimientos.
Fluidos.
A tu lado, abandono mi cuerpo, no hay nada aparte del placer corporal y sensorial en sí mismo.
Pasiva ante tus caricias.
Más fluidos.
¿Desde cuándo es así?
No quiero esos juegos contigo.
No quiero cambios de roles.
No quiero nada. [ Me duele pensar(lo) y que sea mentira]
Creo que aún mantengo
un sentimiento dentro que pudo ser el del comienzo
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